Clase magistral y concierto
Una exploración del carácter contemplativo y espiritual a través de la obra de Franz Liszt
Martes, 3 de marzo
5:30 p.m.
Auditorio Múltiple
Este recital tiene como tema “Liszt Religioso”. Es una selección de piezas de música programática inspiradas en poemas, pinturas, pasajes bíblicos y leyendas de santos pertenecientes a algunos de los ciclos más conocidos y mejor valorados del compositor Franz Liszt no sólo por su despliegue virtuoso, sino también por su carácter contemplativo, poético, filosófico y religioso.
1
Los Años de Peregrinaje ~ Segundo Año: Italia:
● Sposalizio
● Sonetto 104 del Petrarca
2
Armonías Poéticas y Religiosas: Bendición de Dios en la Soledad
3
Los Años de Peregrinaje ~ Tercer Año: Las fuentes en la Villa d' Este
4
Dos Leyendas: II. San Francisco de Paula Caminando sobre las Olas
Los Años de Peregrinaje son una suite de tres ciclos considerada la obra maestra de Liszt que compila su estilo musical a lo largo de casi 40 años. Su título hace referencia a la novela de Goethe Los Años Itinerantes de Wilhelm Meister, a cuyo protagonista le fue impuesto por la logia de Los Renunciantes a vivir muchos años como nómada. El argumento de la novela está construido a partir de elementos explícitos y simbólicos de otros relatos cortos, historias bíblicas, pinturas, canciones populares, descubrimientos científicos de la época, política y filosofía contemporánea que están allí incluidos.
Esta amalgama de distintas ramas del conocimiento reunidas en una obra literaria inspiró a Liszt para componer estos ciclos inspirados en otras artes y elementos extramusicales, a su vez que él mismo hacía giras por Europa como pianista y compositor.
Su segundo ciclo, Italia, toma como inspiración el arte y la literatura renacentista italiana, por lo que la religiosidad está omnipresente.
Inspirada en la pintura de Rafael Los Desposorios de la Virgen, Liszt fantasea musicalmente con campanas nupciales, el Ave Maria de Schubert y un tema pastoral, que hacia el final convergen formando un discurso panteísta que presenta todos los motivos simultáneamente.
Francesco Petrarca fue un filósofo, filólogo y poeta del temprano renacimiento italiano que cumplía funciones dentro de la iglesia católica. Este soneto hace parte de su libro Cancionero, cuyo hilo argumental es la historia de la experiencia amorosa del poeta narrado en primera persona, inspirado por Laura de Noves, una mujer casada con la que Francesco nunca tuvo contacto directo, pero que sirvió como objeto de sus poemas. Su amor no correspondido crea deseos insoportables y conflictos internos entre el amante ardiente y el cristiano místico, haciendo imposible la reconciliación entre ambos.
La primera versión que Liszt escribió de este soneto fue para voz y piano, por lo que es una referencia a las canciones seculares renacentistas que se solían cantar con el acompañamiento del laúd.
Alphonse de Lamartine fue un escritor, poeta, historiador y político francés con el que Liszt mantuvo contacto durante y después de su estancia en París, y cuyo libro de poemas llamado Armonías Poéticas y Religiosas, inspiró a Liszt para escribir su ciclo homónimo de piezas para piano, en los que por vez primera, sus sentimientos religiosos fueron dotados de expresión musical.
Bendición de Dios en la Soledad retrata al héroe que renuncia a las vanidades del mundo secular y acepta pacíficamente sus propias alegrías y sufrimientos.
El motivo pentatónico en Fa sostenido mayor está ligado a la idea de “fe” y al gesto de bendición, acompañado del tintineo de campanillas en acordes rotos.
El intermedio de la obra que presenta una melodía con acompañamiento homofónico modesto, o que incluso carece de acompañamiento, es literalmente una voz en soledad.
Hacia el final de la obra, la pentatónica de la fe y las campanillas reaparecen en una apoteosis panteísta de despliegue virtuoso, pero la culminación real retoma las ideas de paz deísta.
Compuesta en 1877 durante una estancia en la célebre Villa d’Este en Tivoli, cerca de Roma, esta pieza representa uno de los momentos más visionarios y premonitorios de la obra tardía de Franz Liszt. El compositor, ya sexagenario y ordenado abad, pasaba temporadas en la residencia del cardenal Gustav von Hohenlohe, rodeado de los extraordinarios jardines renacentistas que desde el siglo XVI deslumbran al mundo con sus cientos de fuentes, cascadas y chorros de agua que parecen danzar, susurrar y elevarse hacia el cielo.
Liszt transforma el piano en un instrumento casi orquestal para recrear el espectáculo acuático: cascadas de arpegios cristalinos, trémolos que evocan el brillo y el movimiento perpetuo del agua, delicadas gotas que caen en registros agudos y amplios crescendos que simulan el ímpetu de los surtidores más altos. La escritura, de enorme dificultad técnica, exige al pianista una transparencia extrema, un control absoluto del pedal y una paleta de matices infinitos para que el sonido no se vuelva denso, sino que permanezca etéreo y acuoso.
Sin embargo, Les Jeux d’eaux à la Villa d’Este trasciende con mucho la mera descripción paisajística. En el momento central de la obra, cuando la música modula luminosamente hacia Re mayor, Liszt inscribe en la partitura una cita del Evangelio según San Juan (4:14):
«Sed aqua quam ego dabo ei, fiet in eo fons aquae salientis in vitam aeternam»
(«Pero el agua que yo le daré se convertirá en él en un manantial de agua que brota para vida eterna»).
El agua, entonces, deja de ser solo un elemento natural para convertirse en símbolo de gracia divina, renovación espiritual y vida eterna. Esta dimensión mística conecta profundamente con la búsqueda interior del Liszt tardío y explica por qué eligió la tonalidad de Fa sostenido mayor, reservada por él para sus momentos de elevación religiosa más íntima.
Por su armonía avanzada —con cadencias abiertas, insinuaciones modales y una escritura que privilegia el color y la resonancia sobre la línea melódica tradicional—, la pieza se considera un precursor directo del impresionismo pianístico.
San Francisco de Paula fue un eremita y fundador de la Orden de Los Mínimos, cuya virtud principal era la humildad. Además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, la abstinencia de carne y otros productos de origen animal, como leche y huevos, se convirtió en el «cuarto voto». Tras ocho años siendo vegana, este hecho ha construído en mí un lazo muy especial con la obra, pues también considero que el respeto por las creaciones de Dios es necesario para el crecimiento espiritual.
La leyenda de San Francisco de Paula Caminando Sobre las Olas toma lugar en Mesina, cuando un barquero escéptico de su santidad le negó el abordaje mientras intentaba cruzar a Sicilia, y con arrogancia dijo: “pues si es un santo, ¡que haga un milagro!”. Así que el santo puso su capa sobre el agua, ató un extremo a su bastón a modo de vela, invocó el nombre de Dios y navegó con sus compañeros.
Liszt incorpora la arrogancia del barquero en la melodía grave de los primeros compases, pero esta misma melodía transfigurada e infinita se convierte en la plegaria de San Francisco que reitera una y otra vez a medida que el acompañamiento del oleaje marítimo se intensifica.
La obra culmina con una cantinela humilde y modestamente acompañada, seguida de la apoteosis heróica de trémulos y arpegios octavados en el luminoso Mi mayor.